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ERROR: del voto nulo al financiamiento a los partidos

En las elecciones del 5 de julio anulé todos mis votos para el legislativo. Lo hice porque verdaderamente ninguna de las alternativas me generaba una utilidad esperada superior a la satisfacción emocional e inmediata de no votar por nadie. No futuro: instant gratification.

También, porque me interesaba fortalecer ese naciente movimiento de anulistas: jóvenes prendidísimos, con una agenda interesante, que hacían ruido por todos lados con el tema. Veía la posibilidad (pequeña) de dos cosas: incidir en la agenda pública si el voto nulo alcanzaba un porcentaje razonable y si los anulistas lográbamos fijar una agenda mínima y clara.

Sobre lo primero, no quedó claro. Escribí un blog en eldefe.com respondiendo con base en los datos del IFE a las que en su momento me parecieron 8 preguntas relevantes sobre el voto nulo. Mis conclusiones del momento: Sí, el voto nulo creció innegablemente (Distrito Federal +151%; Jalisco +128%; Aguascalientes +102%; Quintana Roo +96%; y Chihuahua +81%), pero,

En 2003, 956 mil votantes anularon su voto (por error o por horror); en 2009 lo hicieron 1 millón 833 mil. Así, el voto nulo creció en 92%. Ahora bien, el total de votantes pasó de 25 millones 534 mil a poco más de 34 millones, un crecimiento del 33%. Si suponemos que la proporción de gente que anula su voto por error no cambia entre ambas elecciones; esto es, no hay nada en 2009 que haga que mas votantes anulen por error, entonces, esperaríamos un total de 1 millón 271 mil votos nulos en 2009.
La diferencia neta es de 562,163 votos nulos extras, equivalente a 1.65% del total de mexicanos que acudieron a las urnas, o la votación total en 5 distritos electorales.

No fue la anulación monumental que esperaba, pero 562,163 no me parece una cifra despreciable. Había capital político.

Me muevo a lo segundo: la agenda mínima. No pasó.

Resultó imposible incorporar bajo tres bullets a los anulistas. Prometía: al principio armaron un par de sesiones nacionales, acudieron al Congreso con aquello de “de la protesta a la propuesta”. Desde mi (pasiva) tribuna veía los temas, se iban agregando en una lista inmanejable: cuando el número de bullets supera al de agentes activos, we are in deep shit (pensaba yo).

Después leía en Facebook y en La Lonchería a algunos de los anulistas consagrados moverse hacia otros temas. El buen Andrés Lajous y el inquieto Román Cotera, junto con el resto de luces de México Democrático se mudaron al tema del financiamiento a los partidos.

Sí, la nuestra es una democracia cara (al menos en términos de dinero público). Sí, es monstruoso que los partidos sean los únicos que tienen garantizado su presupuesto constitucionalmente (llueve, truene o relampagueé a ellos dinero no les va a faltar). Pero ese NO es el tema.

¿Cuál es el objetivo? ¿Cuáles son los canales para presionar y en su caso modificar el texto constitucional?

reforma-domingo-de-marchaVale, tienen presencia mediática, los entrevistan por acá y por allá, y el ruido ayuda (y sus perfectamente armados argumentos también)… ¿y?

Lo mediáticamente efectivo no equivale a lo políticamente relevante; en especial si entre el ‘gran público’ y sus representantes no hay mecanismos de castigo y rendición de cuentas.

10 personas (7 sin playera) en el Ángel llegan a las páginas de Reforma (y otros medios), la pregunta es si eso pone a reflexionar/temer a 1 sólo legislador.

Están poniendo la carreta delante de los caballos.

Dicen los neoinstitucionalistas que las instituciones definen el comportamiento de los actores vía constricciones e incentivos (cosa que no implica que los actores no sean titulares de sus malas decisiones); aquello que Adam Przeworski escribió en uno de sus libros: todos los políticos son priístas por naturaleza. Sí, pero no todas las democracias son México.Otras democracias tienen mecanismos institucionales de control y monitoreo ciudadano. Nada excéntrico: reelección.

El punto es, ¿podemos esperar que estos legisladores con estas reglas modifiquen el texto constitucional para fijar el presupuesto de los partidos sólo con base en su desempeño en las urnas?

No, y sé que es un argumento pueril, pero eso no lo hace menos cierto: stay on message!

La reforma del Estado tomó vuelo en la comparecencia de Gómez Mont en el Congreso y la respuesta alentadora de Manlio Fabio Beltrones: reelección legislativa. Hoy, como diría la canción, The thrill is gone

Reelección legislativa (consecutiva); reducción de diputados de representación proporcional (eliminación de los senadores plurinominales); y formalización jurídica de candidatos independientes.

3 temas, nada más.

Sin la aprobación de estas modificaciones (o una combinación de ellas), los buenos deseos, la foto en Reforma, la entrevista en radio, el post en Facebook, todo… ruido blanco: residuos que no se relacionan entre sí en el tiempo.

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4 Comentarios

  1. Buen texto. Tengo un artículo donde hablo sobre la agenda política de los anulistas – esto es, después de que retiraron el tema de la reelección. Espero sea de tu interés: http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2009/07/editorial-de-fernando-dworak-el.html

    Saludos

  2. Fernando, gracias por el comentario. Leí tu artículo ayer en la noche justamente después de escribir el mio… muy bien! Abrazo

  3. Pep’s. Como (casi, jeje) siempre, atinado. Abrazo.

  4. Hola José; felicidades: es interesante y útil tu texto. Te comparto una modesta aportación al debate mexicano sobre “la reelección”: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45121.html. Como verás, un lector dejó un comentario; hice un segundo texto tratando y refutando su opinión, con el único fin de ayudarlo (a él y a otros), así fuera un poquito, a que se incorporara a la deliberación, pero ahí se quedó el artículo; hasta parece que hice algo “malo”, es decir, explícita y directamente llevarle la contra a alguien de “la gente”. ¿Y si es a partir de argumentos y con buena intención? ¿Y si la opinión de “la gente” o ese alguien está distorsionada, o de plano equivocada, y termina por colocarla/o en una posición que le perjudica, que sirve para que la perjudiquen? ¿Hablar bien porque sí de “la gente” o nunca contradecirla es lo mismo que respetarla y beneficiarla? En fin. Digo esto también por varias razones relacionadas: 1) hoy, aquí, “la reelección” es “justa y necesaria”; la mayoría en México está en su contra, y lo está más allá de lo racional e histórico (eso de que los mexicanos se oponen porque el reeleccionismo llevó a una revolución, o porque el antireeleccionismo fue revolucionario, es insostenible; quienes se están oponiendo desde ahí no son muchos y, sobre todo, lo suyo es repetir lo que han leído o escuchado a ciertos periodistas inexactos y ciertos grillos; la gran mayoría dentro la mayoría actual de mexicanos antireeleccionistas se opone porque desprecia a estos legisladores y cree que “reelección legislativa inmediata” es que se van a quedar para siempre en el Congreso para seguir haciendo de las suyas); 2) el debate público al respecto debe ser mayor y mejor; 3) el debate tendría que pasar por explicar la propuesta a ciudadanos tan sencillamente como sea posible, lo que la mayoría de quienes la conocen y escriben sobre ella no ha hecho y que, digámoslo sin temor, la mayoría de los periodistas (y no me refiero solamente a los del DF) no podría hacer (empezando porque tampoco se ve que quieran “reelección”); 4) pero de todos modos no es tan sencillo tener éxito, porque los medios (sus directivos) no han estado ni están dispuestos a sostener un esfuerzo argumentativo que implica no someterse a coyunturas o saltarlas, no abandonar el tema cuando los políticos ya no expresan sus reacciones a él o lo minimizan (lo que también se puede ver así: los medios no han querido o no han sido capaces de generar o forzar coyunturas favorables a esto aprovechando el irrefutable desprestigio legislativo para criticar la desactualizada actualidad congresional y pasar a explicar el qué y el por qué de “la reelección”. En general, y no sólo la tele, los medios llegan a ser tan cortoplacistas, demagógicos, irresponsables, egoístas, cerrados, mezquinos, como los políticos); 5) por último, me parece, todo lo anterior casi obliga a que personas como los mejores “anulistas” no se concentren en puntos como “la reelección” (con “mejores” me refiero a los que no son puros humores y se preocupan por proponer bien. Y no es que no haya “reeleccionistas” entre los “anulistas”, los hay, si bien no son muchos. Andrés lo es, si no me equivoco). No estoy de acuerdo en que hagan a un lado la propuesta reeleccionista, pero comprendo que hagan eso si quieren que sea más fácil ganar y consolidar una influencia positiva. Además, hicieron una asamblea reuniendo a tantos “anulistas” como fuera posible y votaron para construir una agenda y (¡sorpresa!) la reelección legislativa inmediata no obtuvo el apoyo necesario para formar parte de ella. Entonces, su propuesta de la disminución del financiamiento público a partidos hace sentido por todos lados. Es una buena propuesta. Debería estar acompañada de otras como algunas de las que tú manejas. Pero esto también querría decir esto: las tuyas estarían bien acompañadas por alguna de las de ellos. Como sea, quienes estamos a favor –con razones- de la “reelección legislativa inmediata” debemos hacer todo lo posible por avanzar contra la corriente de opinión. Acaso convenzamos a más “anulistas” y trabajen por incorporar a su movimiento la propuesta. Y si esto último también depende de que tengan cierto éxito en lo que ahora hacen (para que continúen mejor y con influencia), no veo por qué no podríamos apoyarlos con respecto a algunas de sus propuestas acertadas, como esta de “ya bájenle”, que, insisto, acertada es (para cosas como revocación de mandato que no cuenten conmigo, así como no contaron conmigo cuando nada proponían).
    Una disculpa por extenderme. Saludos desde la “preciosa” Puebla.

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