Alguna vez en mi vida me puse a jugar con alacranes y mezcales, con tequilas y con laberintos kafkianos. Me perdí también, en alguna otra ocasión, en las visiones Borgianas y en las imágenes de su complicado, pero demasiado completo, Aleph. Me inundé ahí de lágrimas al volver a leer los atardeceres queretanos. Rosados, morados, un tanto oscuros, delicioso, tibios y, sobre todo, largos. Atardeceres como pocos, dignos de sueños humanos, de libertades deseadas y sólo encontradas a lado del laguito que hoy está seco. A la sombra de inmensos árboles que antes acariciaban las nubes y los brillantes azules del cielo. Hoy le dan sombra a una cabaña…o dos o tres, no recuerdo, no las conté bien la última vez que fui. El paraíso al lado de la carretera. También alguna vez me llené de lodo de puercos en la granja de un señor llamado Pascual Duarte, se me nubla un poco la memoria, no lo tengo muy claro, pero es difícil mantener los recuerdos claros, aún así estoy segura de que en esa granja viví más de tres impresionantes peripecias. La mayoría de ellas, muy reales, pero los incrédulos no las pueden creer posibles. Prefieren llamarles algo así como literatura.
También una vez vi sufrir a una mujer su embarazoenelmeromomentodeparto. Estábamos en medio de la selva, dentro de un jeep que sobrevolaba abismos de tierra, terrenos peligrosos para vivir, llenos de obstáculos que hicieron del parto algo increíblemente difícil. Hazaña heroica del conductor.
Tal vez fue ahí, sentada en la banca azul de la primaria, donde decidí que tener hijos era muy doloroso y complicado, algo que simplemente no es para mí. Sin embargo, ¡vamos!, falta mucho tiempo, ya me veré con la lengua mordida y riéndome de lo que ahora aseguro.
No teman, cuando quieran entrar les abriré la puerta, lo he hecho con peores personajes. Por ahí, imposible olvidar, a una gaviota que me hablaba (sí, por más increíble que parezca, del pico le salían palabras finamente articuladas) sobre distintas velocidades en el vuelo, las alturas a las que podía llegar y hasta las otras dimensiones a las que pudo acceder. Su propósito principal era no ser una simple gaviota como todas las demás. Sin embargo para lograr su objetivo no reo que existiera sólo ese camino, a veces así pasa con quienes se creen poseedores de la verdad, se ciegan a lo que otros tienen que decir. Por ejemplo, conocí también a otra gaviota, que ciertamente me dejó más conmovida, encontró la forma de hacer que salieran esas gotas saladas de mis ojos con la historia de su vida. Creció entre gatos, se educó indefensa con un inmenso gato negro y aprendió a volar cuando fue necesario. El día en que dejó a todos los felinos de su juventud por detrás. Me ha tocado hacer eso un par de veces, no volar precisamente (aunque también, y qué hermoso es estar sobre las nubes, pero eso luego lo recordaré), pero sí dejar atrás a unos cuantos gatos. Algunos de ellos todavía viven y los he vuelto a ver, otros sólo sé que ahí siguen, los demás, es evidente, llegaron al final del camino de la luz blanca antes que yo. Por supuesto, también antes que tú, lector de memorias perdidas. Uno pensará que con el pasado no se llega a ningún lado, pero sin duda esas y muchas más letras me han formado y alimentado, constituido estructuralmente y alivianado en mi mente. No me puedo permitir decir que en este breve escrito se resume todo lo que he leído. Nunca podría resumir las aventuras vividas entre líneas, ni tampoco recordar todas, absolutamente todas las que pusieron a mis pies caminar. Tantos recuerdos no son posibles, sería necesario tomar un modelo para armar, hacer autoestops al lado de la carretera y volver a platicar con la señorita Cora, entre muchas otras actividades exhaustivas. Hoy me basta con echarme en el sillón de la terraza y dejar que todas las palabras dirigidas a la Josefita linda y enfermiza me consuelen igual que al creador de esas cartas para poder afirmar, sentir y decir, felizmente, que ya casi llegamos.
=D
me gusta me gusta me gustaa!
¿Hablas, querida hermana, del gato Zorbas? ¿o de Colonello, Secretario, Sabelotodo y Barlovento? O tal vez de todos, gatos que llegaron a formar parte de nuestras infancias gracias a la herencia de la Chata y las tres copias de ese libro que nos dejó. Ay esos gatos de nuestras vidas Geitos, intrometidos como la fregada, y que luego llegan sin ser llamados, pero que que mas da, si tambien son los gatos que nos acompañan a la hora de leer y de tirarnos en la cama a pensar, como tu Tora y nuestra Mushu. Yo siempre te he figurado como la periodista Irene, con sus faldas largas y esas ganas de denunciar todo lo que veia, ¿te acuerdas de ella?; y desde el verano pasado un poquito como Eva, con sus historias interminables. Passionate women, yu nou? Sera que leyendo nos vamos convirtiendo un poco en esos personajes… Nomas no tanto como la Niña Mala! O tal vez si, por si alguno de los gatos se pasa, si ni somos tan malas despues de todo, jaja. Te mando muchos muchos besos, no se si ya casi llegamos, pero me la paso muy bien contigo en el camino.
Excelente viaje y en pleno vuelo me pregunto, quien lleva a quien la nostalgia al recuerdo o viceversa, quiza de la mano van, junto a ellos nuestros sueños y asi volvemos a vivir.
Que emocionante y conmovedor, es que el poder de las palabras te transporten a lugares desconocidos para uno y que veas y vivas eso instantes personales tuyos y uno los haga un poco de uno , gracias también por compartir tus relatos y si me lo permites me quedare con un poco de ti y que mi memoria tenga mas de ti.
Gracias
Gil