Como cada miércoles, ayer publiqué esta columna en el periódico El Economista. Se las comparto aquí en lalonche porque creo que es un tema importantísimo: un tema de ciudadanía, un tema de derechos y de la fuerza del Estado mexicano vis-a-vis las grandes compañías productoras de alimentos chatarra que tienen en México a su mejor negocio.
Va la columna de El Eco:
Uno de los placeres más grandes de la vida es, sin duda, comer… comer las cosas que a uno le gustan. El problema, actualmente, radica en que cada vez es más difícil hacerlo despreocupadamente; desconcierta la sensación de que, en realidad, los consumidores no sabemos bien a bien lo que contienen los productos que compramos y ponemos en nuestras mesas.
Están los transgénicos, las grasas saturadas, polisaturadas, monosaturadas, el contenido sódico y un sinfín de sustancias químicas de las que poco sabemos. Están también el “sabor a pollo”, “sabor a fresa” y demás “sabores a…” que no son más que combinaciones químicas no naturales sin ningún valor nutricional de las que tampoco sabemos demasiado.
Uno puede ir al supermercado e ignorar todas estas complejidades –“sutilezas” les llaman algunos–, pero la verdad de las cosas es que saber qué comemos es quizá una de las cosas más importantes en términos de nuestras propias vidas.
Por eso no podemos sino alegrarnos de que la Cofepris (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios) y la Secretaría de Economía hayan trabajado en la creación de la NOM-051 que “rige las especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados”, de acuerdo con la propia Secretaría.
Con la NOM-051 se empodera al consumidor, al menos parcialmente, para que pueda conocer lo que contienen los alimentos y bebidas que están en el mercado. A través de la NOM, las etiquetas de estos productos deberán incluir: la tabla nutrimental de su contenido, la inscripción de la fecha de consumo preferente o de caducidad, y los ingredientes o aditivos asociados a reacciones alérgicas que contenga el producto.
La NOM prohibirá, además, que ciertos productos presuman algo que no son.
Por ejemplo: un yogurt “sabor fresa” en cuyos ingredientes no haya fresas, no podrá mantener su etiqueta como está ni poner en su empaque la imagen de una fresa. Las etiquetas engañosas serán cosa del pasado. Los consumidores podremos elegir entre los productos con más información.
Esto no quiere decir que esto se vaya a traducir en una sociedad mejor alimentada. Quien quiera seguir comiendo comida chatarra o de poquísimo valor nutrimental, lo podrá seguir haciendo.
Lo que sí cambia es la relación de fuerzas entre consumidores e industria alimentaria, que hasta hace poco había sido injustamente inequitativa en prejuicio de los primeros.
Pero, como en casi todo en la vida, la NOM-051 tiene limitantes. No es, como la ha querido promocionar el gobierno, una regulación para controlar la venta de “productos chatarra” en el marco de la guerra contra la obesidad.
Los productos chatarra ahí están y seguirán estando. Para hacerles pelea a las industrias de comida chatarra y sacarlas de las cooperativas escolares, por ejemplo, hace falta mucha más fuerza que esta NOM. Para que el consumidor promedio mexicano haga mejores elecciones alimenticias hace falta también más educación y responsabilidad social de las industrias.
El gobierno federal también tendrá que homologar su acercamiento al tema y pensar en los consumidores como el centro de la agenda. Nuestra salud no debe supeditarse a los intereses de las empresas por la sencilla razón de que hay formas de que éstas continúen creciendo sin que ello suponga un prejuicio para la sociedad.
PD: La NOM no le entra al asunto de los transgénicos que se usan en México sin que se informe a los consumidores como sucede –por ley– en lugares como la Unión Europea.
Cuando entra en vigor o es la fecha efectiva de la NOM?
Pd. O sea que los “totis” como tu les dices seguiran estando ahi para quien los quiera seguir consumiendo?.
La norma entrará en vigor 9 meses después de que la publiquen en el Diario Oficial de la Federación (http://dof.gob.mx/). El gobierno federal debe publicarla pronto. La lógica de los 9 meses fue para darle chance a las industrias de “adaptarse” a los cambios. De hecho, esto fue una concesión a las industrias de alimentos porque si revisas el anteproyecto de la norma, que hizo la Secretaría de Economía en agosto de 2009, se quería que entrara en vigor “60 días hábiles después de su publicación”.
Tal vez las industrias necesitan más tiempo porque no saben ni con qué hacen sus chatarras. Ja.
Sobre el asunto de los Totis qué te digo…el chisme es que, si los decidimos comer, al menos seamos qué está entrando a nuestra boquita.
Saludos!
Como siempre. Muchas Gracias Ana x tu respuesta.