Una obsesión es un pensamiento que no puedes evitar, aunque te moleste, no lo puedes dejar de pensar. Una compulsión es una acción que por más que quieras no la puedes evitar. Una neurosis obsesivo compulsiva es una forma de pensar y actuar en la vida. Por ejemplo, lavarse las manos ochenta veces al día.
Imagina que diariamente entras a ver una película de terror y diariamente vuelves a sufrir las mismas sensaciones y emociones de terror. Esta constituye una buena analogía para lo que le ocurre al obsesivo compulsivo. Sufre una curiosa propiedad de la memoria: es hipermnésico ya que nunca olvida recordar sus obsesiones y al mismo tiempo amnésico, ya que le parece sentir por primera vez las intensas sensaciones que le llevan a repetir pensamientos, acciones y sentimientos. Es decir, la persona siente una enorme intensidad en las sensaciones y emociones, al mismo tiempo, cree que diario piensa como si fuera un pensamiento nuevo y original lo que ya pensó el día anterior. Jamás olvida lavarse las manos, ni la angustia que implicaría no lavárselas. Aunque olvida que las mismas sensaciones sintió ayer como si fuesen nuevas.
En estas circunstancias, el foco de atención se cierra. Es como si en la película sólo viera ciertas escenas. Es incapaz de ver lo que ocurre en toda la pantalla. No importa qué haga en el día, no puede dejar de lavarse las manos: en esto se concentrará gran parte de su atención.
Si se distrae del foco y trata de ver otras cosas, una exigencia para ver sólo el lado de los ojos del monstruo le comienza a exigir, a conminar, “a gritar mentalmente” que lo haga o terrible consecuencias van a ocurrir. A esto se le llama pensamiento mágico, ya que a través de estos actos intenta controlar algún aspecto de su mundo, interno y externo. Así, lavarse las manos puede ser limpiarse de una culpa como Macbeth, quien por más que lava sus manos, no deja de ver la sangre de sus asesinatos en ella.
La relación con el mundo se desea diferente, controlada. El control puede ser hacia lo futuro y por ello las prácticas rituales se enfocan en prevenir el futuro: desde no pisar las rayitas en la calle, tocar madera, hasta ofrecer sacrificios rituales.
Esto se hace para evitar una sensación, o para sentirla, como en el caso de las personas que tienen miedo y entonces evitan ver ciertas escenas, o pensar en ellas. Este tipo de “control” estará emparentado con los ataques de pánico y la angustia frecuente.
Como Macbeth en su intento por limpiar el pasado. Los fantasmas de la culpa se tratan de evitar a través de los actos rituales.
Hay una enajenación, ya que la persona se siente ajeno a sí mismo debido a que sólo con la voluntad no es capaz de controlar el fenómeno. Y cuanto más lo intenta voluntariamente, menos lo logra.
Por eso es que funciona la llamada terapia paradójica.
La neurosis obsesivo compulsiva es una enfermedad de control. Los obsesivos rezarían el padre nuestro así: “Señor hágase mi voluntad y no la tuya. Para que se haga mi voluntad haré este acto interiormente significado”. Para lo que dejaré de pisar las rayitas de la calle, o bien, tocaré esta mesa igualando los toques con los diferentes dedos: meñique y medio.
La terapia para las obsesiones y compulsiones tiene que ver con la paradoja, es decir, con la repetición voluntaria de patrones involuntarios, o cambiando la relación que se tiene con el mundo.
Finalmente, cambiando la idea de que en la vida todo se puede controlar a voluntad. Una de las características de la relación humano-mundo es la voluntariedad involuntariedad de la vida. Podemos controlar cierta parte de las acciones y otra no.
La comprensión de ello constituye uno de los principios de la felicidad.